¿Cuánto pagas por tu sueldo?
Hace unos días leía una noticia sobre los últimos resultados de Shein y hubo un dato que me llamó especialmente la atención. La compañía había vendido 11.080 millones de dólares en un solo trimestre, un 0,9 % más que un año antes. Sin embargo, su beneficio ajustado había caído un 67 %.
Vendía más. Ganaba mucho menos.
Y pensé que pocas cifras explican mejor algo que llevo años viendo en el mundo empresarial y que está en la esencia del método que estoy desarrollando: una empresa no se mide por lo que factura, sino por lo que realmente te aporta. Porque facturar más no significa necesariamente ganar más. Y ganar más tampoco significa necesariamente tener más éxito.
Y de ahí me surgió una pregunta que está detrás de todo este artículo: ¿cuánto pagas por tu sueldo?
Crecimiento empresarial: ¿crecer siempre es una buena noticia?
Estamos acostumbrados a hablar del crecimiento empresarial como si siempre fuera positivo: más clientes, más ventas, más trabajadores, más oficinas, más facturación. Parece que una empresa que crece es, automáticamente, una empresa a la que le va bien. Pero no siempre es así.
En el caso de Shein, una parte importante de la explicación está a miles de kilómetros de sus oficinas: conflictos internacionales, incremento del precio del combustible, mayores costes de transporte, aranceles y cambios regulatorios. Es decir, decisiones y acontecimientos que aparentemente suceden muy lejos terminan entrando directamente en una cuenta de resultados y afectando a la rentabilidad de una empresa.
Y esto es algo que cada vez tendremos que tener más presente quienes dirigimos empresas. La geopolítica ya no pertenece únicamente a las páginas de Internacional de los periódicos. También entra en nuestras empresas. Puede hacerlo a través del precio de la energía, de un proveedor, de los costes de transporte, de los tipos de interés, de una materia prima o de una decisión política tomada a miles de kilómetros.
Si Shein fuera hoy mi empresa, probablemente me estaría dando cabezazos contra la pared. Porque yo no quiero vender más para ganar menos. No me sirve poder decir que mi empresa sigue creciendo, que vende más, que factura más y que cada vez es más grande si, cuando llego al final de la cuenta, yo tengo menos. ¿Para qué quiero entonces ese crecimiento?
El crecimiento de una empresa alimenta dos cosas: nuestro bolsillo y nuestro ego.
A mí no me interesa presumir de facturación. Me interesa ganar dinero. Ahora bien, esa es mi manera de orientar el éxito de una empresa. Y no hay nada malo en ninguna de las dos.
Facturación, crecimiento y ego: ¿qué quieres alimentar?
Puede haber un momento de tu carrera profesional en el que necesites expansión. Que quieras demostrarte que eres capaz de montar una empresa desde cero y llevarla a facturar 100.000 euros en un año. Después un millón. Abrir nuevas líneas de negocio. Contratar a cincuenta personas. Construir una gran estructura. Eso alimenta tu ego. ¿Y qué? Si eso es lo que tú quieres, si ese es el éxito empresarial que has decidido perseguir, perfecto.
El problema no es alimentar el ego. El problema es no haber decidido qué quieres alimentar.
Puede que quieras crear una empresa, hacerla crecer durante tres años, reinvertir absolutamente todo lo que gana y venderla después. O puede que estés en un momento de tu carrera en el que necesites demostrar que eres capaz de levantar una empresa desde cero y llevarla a facturar un millón de euros porque eso forma parte de tu experiencia, de tu currículum o de tu posicionamiento profesional.
Perfecto. Yo no. No en este momento de mi vida.
Hoy prefiero crear una empresa que en su primer año consiga dejarme 3.000 euros al mes que una que simplemente me permita presumir de una gran cifra de facturación el primer año.
Y una cosa no excluye la otra. Por supuesto que quiero que mi empresa facture 100.000 euros. Y 200.000. Y un millón, si puede hacerlo. Pero quiero saber para qué.
No estoy diciendo que una empresa que facture 100.000 euros y no dé beneficios durante los primeros años sea una mala empresa. Puede ser una empresa extraordinaria si ese era el plan. Lo que estoy diciendo es que no es la empresa que yo quiero construir ahora.
Yo hoy quiero crear empresas que me den beneficio inmediato y que el esfuerzo, el riesgo y la responsabilidad que asumo tengan una recompensa que yo pueda disfrutar. ¿Significa eso que mi manera de hacerlo es mejor? No. Significa que es la que yo he elegido.
Por eso no creo que exista una cifra de facturación que determine el éxito empresarial. Depende de para qué has creado la empresa. Y depende también del momento de tu vida en el que estás.
Rentabilidad y calidad de vida: ¿cuánto te cuesta conseguirlo?
Una vez tengo claro qué quiero de mi empresa, para mí llega la pregunta realmente importante: ¿cuánto me cuesta conseguirlo?
¿Cuánto me cuesta montar una empresa que me dé 5.000 euros al mes? ¿Cuánto me cuesta montar una que me dé 2.500? ¿Cuánto me cuesta decidir que durante dos o tres años no me dé ningún beneficio porque quiero reinvertirlo todo y hacerla crecer?
Todas esas decisiones tienen un coste. Y cuando hablo de coste no hablo solamente de dinero. Hablo de tiempo, responsabilidad, riesgo, libertad y tranquilidad. Hablo, en definitiva, de qué tengo que poner yo encima de la mesa para conseguir de mi empresa aquello que he decidido que quiero.
¿Qué es mejor? ¿Una empresa que te dé 6.000 euros al mes trabajando de lunes a domingo o una empresa que te dé 2.500 trabajando veinte horas semanales, de lunes a viernes?
Y antes de que saques la calculadora: no te estoy hablando de números. No quiero saber cuánto ganas por hora ni cuál de las dos opciones sale matemáticamente más rentable. No, no, no. Te estoy preguntando cuánto te cuesta.
Porque esos 6.000 euros también tienen un precio. Quizá los pagas con tu tiempo, con tu tranquilidad, con tu vida social, con tus fines de semana, con tu familia, con tu libertad o con tu calidad de vida. Y puede que decidas pagarlo.
¿Significa que trabajar de lunes a domingo para ganar 6.000 euros es una mala decisión? No. Yo misma lo elegí durante una etapa de mi vida. Lo importante es saber qué quieres conseguir y qué estás dispuesto a pagar para conseguirlo.
Quizá tú quieres los 6.000 y estás dispuesto a pagar ese precio. Quizá prefieres los 2.500 y conservar esas horas para vivirlas de otra manera. Las dos decisiones pueden ser correctas. Lo que no deberíamos hacer es pagar un precio que nunca hemos decidido pagar.
¿Cuánto te cuesta ganar el sueldo que ganas?
No he llegado a esta pregunta leyendo un libro. He llegado después de muchos años montando empresas, trabajando muchísimo, ganando dinero y entendiendo que muchas veces no había calculado todo lo que estaba pagando para ganarlo.
Y de ahí nace precisamente el método que estoy desarrollando.
Llevamos toda la vida preguntándonos cuánto ganamos: cuánto facturas, cuánto cobras, cuál es tu sueldo, cuánto beneficio te deja tu empresa. Yo quiero hacer la pregunta al revés:
¿Cuánto te cuesta ganar lo que ganas?
Porque tu sueldo tiene un precio. Y no hablo de impuestos.
¿Cuánto pagas por él en tiempo? ¿En responsabilidad? ¿En libertad? ¿En tranquilidad? ¿En vida personal?
Y, sobre todo, si supieras exactamente cuánto te cuesta, volverías a elegirlo?
De eso va mi método. No de enseñarte cuánto tienes que ganar, decirte cuánto tiene que facturar tu empresa ni decidir por ti qué significa tener éxito.
Va de que seas capaz de decidir qué quieres ganar, qué vida quieres vivir y qué precio estás dispuesto a pagar por ello.
Y para hacerlo hay una pregunta anterior: ¿para qué?
Quiero facturar más. Bien. ¿Cuánto más? ¿Para qué? ¿Hasta dónde?
Porque puede llegar un momento en el que ya no te interese que tu empresa facture más. Quizá para seguir creciendo tengas que asumir una estructura, una responsabilidad, un riesgo o un coste personal que ya no estés dispuesto a pagar.
Y eso no significa que hayas dejado de ser ambicioso. Significa que sabes para qué estás haciendo lo que haces.
Ahí está una de las bases del método en el que estoy trabajando: qué quieres conseguir, para qué lo quieres y qué estás dispuesto a pagar por ello.
Pero eso da para mucho más que un artículo.
Hoy prefiero dejarte una pregunta:
¿Cuánto me cuesta ganar lo que gano?
Y ahora me gustaría saber tu respuesta.
¿Cuánto te cuesta a ti ganar lo que ganas?
No me refiero a dinero. Me refiero a tiempo, libertad, responsabilidad, tranquilidad, vida personal… ¿Has pensado alguna vez en ello?
Si este artículo te ha hecho plantearte alguna pregunta —o tienes una que quieras hacerme sobre este tema—, déjamela aquí.
Puede que tu pregunta sea el punto de partida del próximo artículo.
